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Insidious 7: el Más Allá ya no da miedo

· Jaguar Nogueda

La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros no llega precisamente con la intención de reinventar la franquicia. Después de seis películas, Insidious parece haber encontrado una fórmula que le resulta demasiado cómoda como para abandonarla: una familia, una casa inquietante, pesadillas, entidades sobrenaturales, viajes al Más Allá y, por supuesto, sustos que aparecen cuando menos te lo esperas.

Esta vez la apuesta incluso se siente como un viaje directo al cine de terror de los 80, con una atmósfera más clásica, suburbios silenciosos, criaturas acechando desde las sombras y una amenaza que poco a poco comienza a invadir nuestro mundo. Incluso hay momentos que recuerdan a propuestas más recientes, como Backrooms, especialmente por esa sensación de entrar en un espacio cotidiano que, poco a poco, deja de obedecer las reglas de nuestra realidad.

La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros — escena de la película

La historia sigue a Gemma, una joven madre que regresa a la casa donde creció junto a su hija Maya. El problema es que la casa guarda una conexión con El Más Allá, ese purgatorio sobrenatural que ya conocemos de la franquicia. Cuando Gemma descubre que puede entrar en este lugar e incluso traer de regreso al mundo real aquello que habita ahí, los demonios encuentran en ella la puerta perfecta para cruzar al otro lado.

Durante buena parte de su metraje, sí consigue atraparnos. Jacob Chase construye una atmósfera bastante efectiva y juega con la expectativa del espectador. Hay secuencias donde el silencio, la iluminación y la composición hacen más por generar tensión que cualquier jumpscare.

El problema es que La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros vuelve a caer en un pecado que la franquicia arrastra desde hace varias entregas: cuando parece que encontró una dirección interesante, decide cambiar completamente de rumbo.

La película comienza construyendo una historia de terror más contenida, casi de pesadilla suburbana, pero conforme avanza empieza a expandir su mitología y a introducir elementos que no siempre terminan de encajar entre sí. El resultado es una narrativa que puede percibirse como desconectada de aquello que funcionaba inicialmente.

Y sí, hay momentos en los que uno termina pensando: “¿Pero esto cómo demonios funciona?”

No necesariamente porque la película quiera jugar con reglas sobrenaturales —después de todo, estamos hablando de Insidious—, sino porque algunas decisiones del guion terminan generando situaciones que se sienten poco coherentes incluso dentro de las propias reglas que establece la cinta.

🎬 Blumhouse vuelve a demostrar dónde sabe gastar el dinero

Si hay algo que Blumhouse no parece escatimar  en la construcción de su espectáculo. La película cuenta con una producción mucho más sólida de lo que podría sugerir una franquicia que lleva seis entregas, con diseño de producción, maquillaje, efectos especiales, fotografía y construcción de criaturas que ayudan a darle identidad a este nuevo capítulo.

El trabajo de fotografía de Dave Garbett aprovecha especialmente los espacios oscuros y los contrastes para convertir escenarios cotidianos en lugares incómodos. A esto se suma el trabajo de efectos especiales y maquillaje, acreditado, entre otros a Odd Studio, que permite que varias de las criaturas tengan una presencia mucho más física.

La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros — criatura del Más Allá

También se nota que la producción busca que El Más Allá deje de sentirse simplemente como un espacio oscuro lleno de demonios y comience a funcionar como una extensión de nuestro propio mundo. Porque cuando la película consigue que ambos mundos comiencen a mezclarse, encontramos algunos de sus momentos más interesantes: lugares familiares que dejan de sentirse seguros y espacios que parecen sacados de una pesadilla de VHS de los años 80.

Además, detrás de la producción están nombres como Jason Blum, James Wan, Leigh Whannell y Oren Peli, una combinación que explica por qué, incluso cuando el guion empieza a perder el rumbo, la película mantiene un nivel técnico bastante competente.

🚪 ¿Vale la pena?

La Noche del Demonio: Están Entre Nosotros tiene suficientes herramientas para funcionar: una nueva familia, una protagonista con una habilidad diferente, una mitología conocida pero con posibilidades de expansión y una estética que intenta recuperar el encanto del terror clásico.

Pero después de atraparnos, vuelve a hacer lo mismo que la franquicia viene haciendo desde hace tiempo: abrir una puerta muy interesante para después llevarnos a otra habitación que no necesariamente queríamos visitar.

Muy probablemente ese sea el mayor problema de Insidious actualmente. Pues es notorio que ya no intenta sorprendernos y en su lugar, quiere asegurarse de que obtengamos exactamente aquello por lo que pagamos un boleto.

Hay demonios, hay jumpscares, hay Más Allá, hay Lin Shaye y hay suficientes referencias para que el fan de la saga se sienta en casa. Pero también existe la sensación de que estamos viendo una franquicia que encontró su zona de confort y decidió ponerle seguro.

Esta entrega es entretenida, visualmente cuidada y por momentos genuinamente inquietante, pero termina siendo víctima de sus propias ambiciones. Cuando abraza ese terror ochentero y esa sensación de pesadilla que invade nuestra realidad, funciona.

No es la peor pesadilla que ha producido Insidious, pero tampoco es esa puerta roja que nos prometía algo completamente nuevo. Es, más bien, otra puerta hacia el mismo Más Allá. Y a estas alturas, quizá ya conocemos demasiado bien lo que hay detrás.


Reseña escrita por Yayo Galindo  |  Instagram  ·  X (Twitter)

7 /10 Recomendable
Trama

La película arranca con buena atmósfera de pesadilla suburbana, pero pierde el rumbo al expandir su mitología con decisiones de guion poco coherentes.

Actuaciones

Gemma como protagonista funciona dentro de la propuesta, aunque el reparto en general queda supeditado a los sustos más que al desarrollo de personajes.

Elementos Técnicos

Fotografía de Dave Garbett con contrastes efectivos, criaturas físicas de Odd Studio y un diseño de producción que recupera el terror de los 80. Blumhouse sabe gastar su dinero.

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